Opinión

¿El fin de la pobreza?

Mientras millones mueren de hambre, no funciona la ayuda para el desarrollo


      
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Con ese título, pero sin signos de interrogación, salió publicado un libro –disponible en casi todos los supermercados y librerías– del consejero especial del secretario general de las Naciones Unidas y director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, conocido por sus intervenciones en la economía de Latinoamérica y Europa del Este, profesor Jeffrey Sachs. En ese trabajo se sostiene que es posible eliminar la pobreza extrema del planeta, antes del 2025, si se trabaja con una estrategia que elimine las incoherencias entre los objetivos del Desarrollo del Milenio y los planes de lucha contra la pobreza.

Sachs presenta el panorama actual de ayuda al desarrollo, con una cantidad apabullante de datos, como insuficiente y disperso en múltiples acciones no articuladas ni coordinadas que impiden resultados efectivos y la generación de la masa crítica necesaria para revertir la pobreza. Por ejemplo, la ayuda mundial para el África subsahariana, región de sequías y hambrunas, en el 2002 fue de $30 por persona. De este monto, $5 se fueron en pago de asesores, $3 en ayuda alimentaria, $4 en pago de intereses de la deuda y $5 en reducción de dicha deuda. En total, solo llegaron $12 efectivos para el desarrollo. Desagregando la ayuda de EE. UU. a esa región, fue de solo $3 por persona, de los cuales, una vez hechas las deducciones anteriores, solo llegaron 6 centavos (sic) efectivos a la población meta.

Otro ejemplo, Kenia recibe $100 millones de ayuda externa anual, pero paga al mismo tiempo $600 millones por la deuda, cuando necesita $1.500 millones de inversión anual. Sachs estima que esta inversión es posible con un Plan Marshall como el que se aplicó a Europa Occidental después de la II Guerra Mundial. Entonces se donaban los recursos para reactivar la economía de esos países, de la que dependía en última instancia el bienestar de todos. Dentro de esta lógica, la actual deuda externa de los países en desarrollo debe ser condonada si los Gobiernos se abocan a superar las desigualdades y la pobreza descentralizando e introduciendo tecnología de la comunicación que permita auditorías y evaluaciones efectivas.

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