Pérdida de eficacia y legitimidad. En eso se resume el proceso de deterioro de los partidos, que llevó al Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) a caer en las encuestas, hace poco más de un año, por debajo del minoritario Fuerza Democrática, que entonces todavía contaba. En la incapacidad para atender los problemas nacionales, y en su pérdida de legitimidad, al corromperse y pasar a ser simple instrumento de un grupo para alcanzar sus apetencias de honores, viajes, poder y dinero, mediante el engaño y la manipulación. La insatisfacción ya se venía notando en muchos síntomas, tal como el alto abstencionismo en las elecciones del 98, y produjo su primer sismo con la manifestación popular contra el "combo" del ICE.
Proceso que es similar al de Venezuela, y, en parte, al de Perú. En Venezuela, por las mismas razones, los otrora mayoritarios pasaron de agrupar a más del 90 por ciento del electorado, todavía a fines de los ochentas, a no más del 15 por ciento juntos, en la elección de Hugo Chávez; y el abstencionismo a crecer, hasta un 40 por ciento en esa elección de Chávez, que fue una salida desesperada que creyó ver la mayoría que votó. En Perú, el desastre de Allan García condujo como esperanza al movimiento de Vargas Llosa, que arrancó con gran fuerza, pero al que bastó el error de abrazarse con los partidos tradicionales, opuestos al APRA de García, para caer y finalmente perder frente a Fujimori, otro de fuera que cuerdamente no buscó ni aceptó ese abrazo de la muerte.
Dones del milagro. En Costa Rica, el PUSC, que ya iba camino del cementerio, fue resucitado por don Abel Pacheco, un outsider de dentro, al que debe el triunfo. ¿Con cuales dones hizo el milagro? Fundamentalmente con su credibilidad personal, resultado de transmitir sinceridad y honestidad, y decir la verdad. Los mismos con que don Ottón Solís alumbró al Partido Acción Ciudana (PAC) de la nada. Porque Pacheco representa dentro del PUSC un fenómeno parecido al del PAC. Hartos de engaños y falsedades, los costarricenses reclamaron transparencia y que se dijera la verdad, y tanto don Ottón como don Abel satisficieron en grados distintos ese profundo anhelo del alma nacional, que nadie que pretenda ser político puede ignorar. De ahí que los electores hayan escogido a Pacheco, precisamente por ser un proscrito de la cúpula del PUSC y, pese a que como su diputado votó el "combo" la muestra más notoria del engaño que se rechaza porque en esto aceptaron que fue embarcado de buena fe.