Editorial

Ruptura en Guatemala

La incertidumbre que vive el país crea enormes riesgos y modestas esperanzas

Guatemala se ha sumergido en un acelerado y agudo proceso de ruptura política, marcado por inquietantes cuotas de des orientación, incertidumbre y riesgos. A la vez, su génesis y desarrollo ofrece algunos atisbos de esperanza. La gran pregunta es si, como resultado de los hechos, el país podrá dar pasos significativos hacia un Estado más robusto y transparente y una democracia más auténtica, o si aumentarán sus enormes disfuncionalidades institucionales, en medio de mayor inestabilidad y deslegitimación. Por el momento, el pronóstico es muy reservado.

El detonante de la crisis fueron dos grandes escándalos de corrupción en los que tanto la Fiscalía como la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) han involucrado a altos funcionarios y relevantes políticos. A finales de la pasada semana, la marea llegó a su máxima altura y alcanzó al presidente Otto Pérez Molina, cuando ambas entidades solicitaron que se le retire la inmunidad, ante fuertes presunciones de que fue la cabeza de una red fraudulenta en el sistema aduanero, mediante la cual se canalizaron millones de dólares en comisiones a cambio de reducciones en aranceles.

Hasta ahora, la máxima autoridad involucrada en ese caso era la vicepresidenta Roxana Baldetti, quien se vio obligada a renunciar, fue arrestada el viernes y enfrenta un proceso penal en su contra. El otro escándalo que ha conmovido al país está relacionado con enormes sobreprecios pagados por la seguridad social para brindar tratamientos de diálisis a pacientes con problemas renales; su producto también fue a parar a políticos, funcionarios y empresarios privados.

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