Editorial

Obama y la ONU

El califato islamista en Irak y Siria y la decapitación televisada de dos norteamericanos y un británico tuvieron un impacto inmediato en la ciudadanía de Estados Unidos

La Asamblea General de la ONU ha sido cada año el foro por excelencia para que los países presenten al mundo sus visiones globales, así como los proyectos que los respectivos Gobiernos juzguen cruciales. Conforme a este modelo, la Asamblea General de la ONU también opera como una tribuna del presidente de Estados Unidos y muchos otros mandatarios para plantear inquietudes y proyectos relevantes.

No obstante, esto no ha sido siempre así. Durante los años 60 y 70, la ONU fue convertida en una cámara de resonancia del tercermundismo y en ficha clave de la propaganda soviética en su pugna con Estados Unidos y las democracias occidentales. Eran los tiempos de la Guerra Fría.

Lo que fue entonces se retrata en la comparecencia de Yasser Arafat, un jefe del terrorismo global con revólver visible al cinto, aclamado en la plenaria de la ONU. Idi Amín, el dictador de Uganda, era otro prohombre del terror y, por si faltaba, del canibalismo africano, y también fue distinguido con una festejada comparecencia ante la Asamblea de la ONU. Hubo otros convidados de esa índole.

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