Editorial

Nueva política energética en EE. UU.

La administración Trump exige a la Agencia de Protección del Ambiente desmantelar el Plan de Energía Limpia de la administración pasada

Pese a las declaraciones del presidente Donald Trump, Estados Unidos sigue adherido al Acuerdo de París sobre cambio climático, pero su permanencia no implica respeto a los compromisos adquiridos. La orden ejecutiva firmada el lunes por el mandatario para dar marcha atrás a una buena parte del legado ambiental de Barack Obama impedirá alcanzar las metas establecidas en el convenio.

El cambio no solo disminuye el aporte de los estadounidenses a la lucha contra el cambio climático. Las actitudes de una nación tan influyente, hogar de buena parte de la investigación científica sobre el fenómeno y, al mismo tiempo, dueña de un desarrollo industrial que contribuyó de manera desproporcionada a crear el problema, ofrece una excusa o licencia a otros países para no hacer su parte. El impacto del incumplimiento estadounidense es, en consecuencia, todavía mayor.

La orden de Trump exige a la Agencia de Protección del Ambiente (EPA, por sus siglas en inglés) desmantelar el Plan de Energía Limpia de la administración pasada a cuyo tenor habrían cerrado cientos de generadores de electricidad alimentados por carbón. El plan también congelaba la construcción de nuevas plantas de ese tipo y llamaba a reemplazarlas por medios limpios de generación, como las instalaciones solares y eólicas.

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