Editorial

Lecciones de Upala

La falta de planes reguladores y el desarrollo desordenado, sin respeto para los riesgos naturales, no es un problema exclusivo de Upala

Upala pagó un altísimo precio cuando una avalancha de lodo y troncos arrasó su zona central. La furia del huracán Otto también quitó la vida a seis personas y causó importantes daños a la producción. La tragedia pudo haberse mitigado, pero la prevención no es una fortaleza del cantón. Para ser justos, lo mismo podría decirse de prácticamente todo el país.

Upala, sin embargo, es ejemplar, tanto por la extrema indiferencia frente a las advertencias como por el devastador impacto del huracán. Para comenzar, el cantón carece de un plan regulador. En el 2009, la Cooperación Española y la Universidad Nacional unieron esfuerzos con el gobierno local para elaborar el documento rector, cuyas recomendaciones incluyen un capítulo sobre zonas de riesgo y mitigación de desastres.

El plan regulador fue aprobado en junio del 2013 por el concejo municipal, pero no fue posible aplicarlo debido a la oposición de comerciantes locales, entre quienes probablemente haya varios afectados por la emergencia actual. La ciudadanía en general parece más consciente de la necesidad de normar el desarrollo, porque eligió a un alcalde cuyo programa de gobierno incluye la celebración de una consulta obligatoria sobre el plan regulador, aunque el propio funcionario admite no conocerlo a fondo.

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