Editorial

La reestructuración del INVU

La reorganización del INVU y su vinculación con el SFNV también debe aclarar su función en la política social de vivienda

Durante 30 años, el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU) fue uno de los principales agentes de la política social del Estado hasta la creación del Sistema Financiero Nacional para la Vivienda (SFNV), en 1987, que le atribuyó nuevas competencias a la entidad sin modernizarla. Desde entonces, el tema habitacional ha transcurrido por diferentes Gobiernos, agendas públicas y estrategias de clientelismo electoral, al punto de que el lugar del INVU se ha minimizado y hasta desnaturalizado.

Ahora, la administración Chinchilla anunció que presupuestó ¢9.300 millones para la reestructuración del Consejo Nacional de la Producción (CNP) y del INVU, en el 2014, y que le corresponderá al próximo Gobierno acometer la tarea.

Aunque se ignore la prioridad que le otorgue el próximo mandatario en su programa, la necesidad de reformar el INVU es urgente, pero debe verse en un contexto más amplio. Debe emprenderse no solo porque, de no hacerlo, podría ir a la quiebra, como declaró su presidente ejecutivo, Álvaro González, sino también porque su columna vertebral, el Sistema de Ahorro y Préstamo (SAP), el más antiguo del país, se encuentra desfasado en términos administrativos y de competencia con otras posibilidades de financiamiento. Además, se ignora si en la actualidad cumple el propósito para el que fue creado y si será económicamente sustentable en el futuro.

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