Editorial

Frenos nucleares

La fiscalización de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) será crucial para asegurar el cumplimiento del pacto con Irán

El anuncio de la conclusión de las negociaciones del pacto nuclear de Irán con las seis grandes potencias (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia, China y Alemania) y la Unión Europea, dado a conocer el martes 14 de julio en Viena, motivó un torrente de felicitaciones de un mundo turbado por conflictos que aún no alcanzan solución. Con plena justificación, Costa Rica se unió al regocijo internacional suscitado por el acuerdo.

Y no ha sido para menos. El festejado pacto pareció despejar un foco de constante preocupación global: la amenaza de la teocracia islámica por su manifiesta pretensión de dominar el Medio Oriente y otras latitudes. Asimismo, el afán de Teherán por convertirse en propiciador del terrorismo.

Sin embargo, en cuestión de horas salieron a luz comentarios analíticos que puntualizaron algunos bemoles y peligros del pacto de Viena. Un aspecto primario de las dudas concierne a los cuantiosos fondos iraníes congelados por las sanciones y que mayormente serán liberados en unos pocos meses. Se anticipa que unos $150.000 millones engrosarán las arcas de Teherán en un primer momento. En un país democrático se supondría que esos dineros posibilitarían incrementar la ayuda social. No obstante, en la teocracia islámica podrían ser destinados a la Guardia Republicana y a las aventuras internacionales, como ha ocurrido en el pasado. Irán no es una democracia que demande mantener contenta a la ciudadanía, observó un entrevistado por la prensa estadounidense.

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