Editorial

El legado de Hugo Chávez

El chavismo es una fórmula para emprender el camino del autoritarismo a partir de la voluntad de mayorías constituidas en determinadas coyunturas

El presidente Hugo Chávez Frías marca un hito en la historia latinoamericana, no por resultados notables en el campo del progreso económico y social, sino por el desarrollo de una forma de gobierno autoritaria, basada en el dictado inicial de las urnas. El fallecido mandatario nutrió con su retórica la confusión entre democracia y sufragio para monopolizar el poder, reprimir la disidencia y limitar el ejercicio de los derechos humanos y políticos.

Consiguió indiscutibles mayorías en las urnas, pero transformó esos mandatos en carta blanca para vulnerar las garantías democráticas, rediseñar el Estado en beneficio de su proyecto político, menoscabar la independencia entre los poderes de la República y perpetuarse en el poder.

De la legitimidad conferida por los primeros ejercicios electorales, el mandatario extrajo la fuerza necesaria para asegurar su permanencia en la silla presidencial. Los límites constitucionales a la reelección apenas fueron obstáculo y la reforma para removerlo recibió trámite expedito. Cuando en el 2010 la oposición parecía estar en condiciones de triunfar en los comicios legislativos, la Ley de Procedimientos Electorales, aprobada con premura en vísperas de la votación, eliminó la representación proporcional para redistribuir los distritos electorales y asegurar la victoria oficialista, aunque sus candidatos no consiguieran la mayoría. Con solo 101.865 sufragios de ventaja, de los 10,7 millones emitidos, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) de Chávez eligió 98 legisladores frente a los 67 de la oposición.

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