Editorial

El cannabis como tratamiento

Varios países y 25 estados de EE. UU. han dado el paso; Costa Rica debe sumarse

En Costa Rica, una gran cantidad de personas, afectadas por distintos padecimientos, utilizan el cannabis (o marihuana) para controlar los efectos de sus males, en particular dolores y convulsiones. Como el consumo es ilegal, no existen estadísticas al respecto, por lo que su número es indeterminado. Sin embargo, la evidencia anecdótica sugiere que podría contarse en varios centenares, o quizá miles, y en un amplio espectro de edades. Todo indica, además, que el uso está creciendo.

La ilegalidad no solo impide contar con adecuada información; tiene otros efectos mucho más serios. El principal es que la mayoría de esos pacientes no disponen de guías realmente profesionales sobre las dosis y modalidades de consumo recomendadas: aunque hay médicos que, por elemental compasión, conocen, toleran y en algo orientan el uso, están impedidos legalmente para ayudarlos de manera sistemática. Esto expone a los consumidores a riesgos de insuficiencia o sobredosis, con serias consecuencias potenciales. La falta de controles oficiales sobre las características del cannabis y sobre los canales de distribución –otro resultado de la ilegalidad–, impide asegurar la calidad y acrecienta los peligros.

La prohibición, además, impide que nuestro sistema de salud, tanto estatal como privado, incorpore este componente al instrumental terapéutico de los profesionales, para lo cual ya existe abundante literatura, con base en experimentos científicamente controlados en varios países.

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