Editorial

Crónica de la incertidumbre

Nada ha hecho el presidente Donald Trump para despejar la confusión en torno a sus vínculos con Rusia

Donald Trump ascendió a la presidencia de Estados Unidos hace apenas seis meses. Culminó así una campaña electoral repleta de promesas, pero también de insultos. Fue un proceso político teñido por las acusaciones del entonces candidato republicano contra sus adversarios, entrelazadas con promesas de convertir al país en una utopía política, social y económica.

Pero la ejecutoria de medio año es más bien una distopía, a menudo difícil de creer, que amenaza proyectarse desde la Casa Blanca hacia otros centros del quehacer político y administrativo de la primera potencia mundial.

Los hallazgos sobre intromisión rusa en los comicios estadounidenses comenzaron a producirse antes de inaugurada la administración y, a la fecha, el mandatario ha hecho poco por tranquilizar a la opinión pública y a los aliados en todo el mundo. Las últimas revelaciones del caso, unidas a las declaraciones del presidente y sus encuentros con el líder ruso, Vladimir Putin, avivan las dudas hasta un punto insospechado.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌