Editorial

Armas rusas en Nicaragua

El arsenal nicaragüense inquieta a las cancillerías centroamericanas, que deberían actuar en conjunto para hacerle ver su insatisfacción a Rusia, proveedora de las armas

El canciller, Manuel González, ha demostrado diligencia en la atención de las relaciones con Nicaragua. En línea con la actitud asumida por su antecesor inmediato, muestra preocupación por el armamentismo del Gobierno vecino y sigue de cerca los proyectos de infraestructura de la Administración sandinista, para prever su impacto en suelo nacional.

A diferencia de su antecesor, el celo del nuevo ministro de Relaciones Exteriores comprende, también, un frente interno ejemplificado por las imprudentes declaraciones de la viceministra de Seguridad, Carmen Muñoz, sobre la “urgencia” de restablecer el diálogo con Managua.

El canciller se vio obligado a salir al paso de esas declaraciones, ofrecidas a un periódico nicaragüense, y puntualizar que, no obstante las “buenas intenciones” de la viceministra, la política de firmeza claramente definida por el presidente, Luis Guillermo Solís, se mantiene íntegra.

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