Opinión

Descentralización

Se necesita una clase política capaz y orientada al bien público

Nada prueba mejor la alienación de la realidad que sufre la clase política que su posición sobre la descentralización, idea de moda que les viene de fuera porque la reducen a entregar dinero y recursos a los municipios. Es decir, cuando centraliza, refunde todo y cuando descentraliza, desmiembra.

La descentralización es una necesidad del desarrollo de las organizaciones que, cuanto más complejas, tanto más necesitan desplazar decisiones hacia centros periféricos. El sistema nervioso de los organismos superiores –modelo de perfección en sus sistemas– remite a centros de la periferia la atención de las funciones básicas de la vida. Al cerebro central no le alcanzaría el tiempo ni la capacidad si tuviera que encargarse de la respiración, la circulación, la digestión, el balance hormonal o cualquiera de los numerosísimos procesos vitales en que debe haber equilibrio u homeóstasis y una respuesta inmediata conforme cambian las circunstancias. Por ello, los datos percibidos realimentan todos esos procesos, igual que los de los actos reflejos en el caso de los movimientos, todo lo cual obtiene así respuestas apropiadas sin intervención del mando central.

Cero monarquía. Por la misma razón, el metabolismo del aparato estatal, sus movimientos ordinarios, servicios y controles deben estar a cargo de unidades análogas descentralizadas, pero de la misma organización. Porque deben ser consecuentes y conservar la unidad necesaria del todo. Así, el cerebro o control central, despreocupado de tales funciones, presta servicios superiores de dirección , dentro de un régimen de reciprocidad, a las unidades periféricas, conforme una unidad de propósitos y de destino. Unidad que tampoco significa convertir al presidente –o supuesto control central– en monarca, y a la administración pública en corte, como pretenden los proyectos de centralización presentados a la Asamblea Legislativa.

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