Opinión

Delimitación maritíma

La falta de delimitación marítima causa roces entre los estados y enturbia sus relaciones bilaterales

En momentos en que el discurso sobre la globalización pretende reducir las fronteras entre Estados a su más mínima expresión, hemos asistido, en América Latina, como en otras regiones del mundo, a un resurgimiento de las "cuestiones" fronterizas, que despiertan pasiones políticas de toda índole, enturbiando seriamente las relaciones entre Estados.

Globalización y fronteras. Y es que, hasta tanto una frontera no sea considerada de ambos lados como plenamente equitativa, lo "fronterizo" amenaza con resurgir, dependiendo de una combinación de factores primordialmente políticos, pero también geográficos (cambios de configuración en la geografía, p. e.), sociales (incremento del flujo humano en las zonas fronterizas, p. e.), económicas (descubrimiento de reservas minerales o explotación de recursos naturales) u otros. Todo ello afectando seriamente las relaciones entre estados, o, para tomar el caso centroamericano, incidiendo negativamente en los procesos de integración regional. Dejando la tierra firme para la fluidez de las aguas, nos encontramos ante la misma situación en el mar. El aumento del flujo de flota mercante o de pesca, la explotación de recursos marinos, el incremento de operaciones vigilancia marítima o de las concesiones para la exploración en busca de hidrocarburos, tienden a provocar roces entre estados cuando no se tiene claridad sobre las líneas que separan sus respectivas zonas marítimas (como bien se sabe, los yacimientos naturales de petróleo y gas se burlan de las fronteras humanas).

Delimitar en el mar. La delimitación de espacios marítimos entre estados es más delicada que la delimitación terrestre, dado que nadie deja, en toda lógica, en manos de vecinos el "quántum" de su propia soberanía y jurisdicción. En el caso de estados cuya frontera terrestre alcanza el mar (delimitación lateral), la evolución del derecho del mar ha alargado sustancialmente la línea, ya que ya no se trata de trazar una línea de 3, 6, o en el caso extremo, 12 millas náuticas, sino de llevarla hasta 200 millas o, incluso, más lejos cuando se presentan circunstancias excepcionales vinculadas a la prolongación de la plataforma continental y la existencia de islas. La longitud que alcanza la delimitación, unida a la configuración de la costa y a la eventual presencia de islas, favorece la transformación de lo que, a primera vista, parecía como una simple delimitación lateral en una verdadera delimitación frontal (es decir, la que se produce cuando las costas de los estados, con vecindad terrestre o no, se hacen frente o están enrostradas).

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