Opinión

De vasallos a ciudadanos

Hay que exigir cuentas a los funcionarios con la posibilidad de revocar el cargo

El título de este artículo, aunque provocador en nuestra modosita patria que alardea de su institucionalidad frente a los vecinos, plantea el problema de fondo que debe afrontar la reforma del Estado que nuestro país necesita. Independientemente que por los avatares de la historia tengamos un umbral de ciudadanía más elevado que nuestros vecinos, lo que se expresa en el funcionamiento del aparato público, el sistema institucional sigue encubriendo relaciones de sometimiento y vasallaje a la jerarquía política como si ella fuera dueña y no administradora de lo público.

A diferencia de las democracias avanzadas, no tenemos la posibilidad de exigir cuentas con la posibilidad de revocar del cargo a nuestros gobernantes. La capacidad de exigir cuentas efectivas ( acountability ) con la posibilidad de una rápida destitución ( impeachment ), se la han reservado los ciudadanos de las democracias avanzadas, como expresión de señorío y control sobre sus dirigentes. Recordemos la destitución de presidente Nixon de los Estados Unidos en los setenta y los serios problemas que pasó Clinton en el Congreso a raíz de sus declaraciones sobre su relación con Mónica Lewinsky. Y nada más lógico y coherente con la mentalidad republicana que los ciudadanos no perdamos, por ninguna circunstancia, el control de nuestra empresa colectiva que es el Estado, reservándonos mecanismos de intervención en caso de desvío programático en la gestión de los gobernantes.

Cuentas, no cuentos. En este sentido, si queremos evitar el patrimonialismo que ha prevalecido con los bienes públicos por parte de los jerarcas corruptos y el desvarío e irracionalidad en el manejo de la gestión, necesitamos devolver el control del Estado a la ciudadanía como corresponde a una democracia avanzada.

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