Opinión

De jerarcas a gerentes públicos

El Estado necesita urgentemente de una verdadera gerencia pública

El problema del Estado costarricense no es financiero, es institucional y político. Su estructura y funcionamiento no se ajustan a las exigencias de la época que vivimos. Es esto lo que afecta toda la vida institucional, social y cultural del país. Es hora que tomemos conciencia que ahí reside el verdadero problema y no veamos sus dolorosas consecuencias cotidianas como productos independientes.

La deuda pública y otros problemas financieros se derivan de la falta de controles políticos que convierten al Estado en un verdadero barril sin fondo. Todo esto es facilitado por la carencia de mecanismos ágiles de evaluación sustantiva que permitan ajustar el rumbo de la nave pública y que la ciudadanía ejerza el control democrático. Por eso, nuestro sistema institucional continuamente pierde el rumbo y reduce su eficiencia peligrosamente en campos estratégicos como la seguridad, las obras públicas y la salud. Amenaza incluso con colapsar todo el Estado y se ha convertido en terreno fértil para la incubación de todo tipo de corrupciones y desfalcos. La falta de evaluación no es atribuible solo a un déficit de capacitación en administración, se arraiga en el sistema de poder de nuestro país. Los partidos políticos actuales necesitan "holgura" para mantener los compromisos clientelistas en que se basa su cada vez mas precario poder.

Colapso en ciernes. Mientras no haya evaluación, sustento indipensable para la rendición de cuentas, dificilmente podrán realizarse por la via institucional las transformaciones políticas que el país necesita. Por una parte se seguirá obstaculizando el control democrático y por otra se hará inevitable el colapso del Estado, con todas las graves implicaciones que conllevaría una catástrofe de esta índole para el país entero -como sucedió en Uruguay, Chile y Argentina. La mejores intenciones de los gobernantes para transformar el orden de cosas se toparán con una barrera de intereses creados, parapetados en las "trincheras" de normas y reglamentos creados en los últimos 50 años.

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