Opinión

Cultura e instituciones

La apertura sin control genera corrupción y monopolios

Las reformas no se pueden dejar en manos de la cleptocracia local o de burócratas internacionales.

Un grupo de economistas neoliberales norteamericanos y algunos comentaristas latinoamericanos, basados en una lectura no muy profunda de Max Weber, atribuyen a la cultura hispánica, especialmente a la religión católica, las causas del atraso latinoamericano. Esta corriente culturalista ha contribuido, en la práctica, a justificar medidas de shock sobre las economías locales, por parte del Fondo Monetario Internacional, para "ajustarlas" a las nuevas condiciones de economía globalizada. Quiero polemizar, por incompleto y parcial, con ese enfoque que, como el racismo, conduce a la desesperanza.

El culturalismo, como todo enfoque unilateral, deja de lado otros factores que integran la realidad, como los económicos, sociales y políticos concatenados en la práctica social. Es en el todo integrado donde se cultivan las manifestaciones culturales que, como el centralismo, el menosprecio al trabajo y la intolerancia, afectan el camino del progreso regional. Esto se puede apreciar en las variaciones en las condiciones de arranque de países como Costa Rica, Uruguay y algunas regiones, como el sur del Brasil, que se han diferenciado sustancialmente del grueso de América Latina. No pretendo retomar aquí la discusión sobre qué fue primero, si el huevo o la gallina, para restarle importancia a la cultura, sino recuperar el papel de la práctica social como caldo de cultivo de los valores.

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