Opinión

Construir demanda cambios

Nuestro país demanda transformaciones institucionales profundas si no queremos entrar en un período de caos de consecuencias impredecibles. Los cambios, como las corrientes de agua, se pueden encauzar solo si se actúa objetiva y oportunamente con una visión de futuro, pero de ninguna manera se pueden detener porque terminan desbordándose.

Hay quienes reducen el cambio a las privatizaciones, sin alterar el sistema de gestión pública para devolver el control a la ciudadanía. Otros grupos, los más, se oponen a toda reforma y se alzan en "defensa de la institucionalidad". Solo que, al oponerse de plano al cambio, si bien en lo inmediato impiden el saqueo del patrimonio público, mantienen sin reformas una institucionalidad moldeada por el sistema cleptocrático imperante que, como hemos visto, además de hacerla ineficiente, la privatiza a través de la corrupción.

Acosados por la urgencia de defender los intereses inmediatos, a veces muy particulares, carecen de una visión alterna para salir de la crisis de desintegración. La reacción de rechazo les permite, en ocasiones, unir fuerzas sociales para oponerse al enemigo común, pero al carecer de bandera propositiva y tener a menudo intereses creados, son incapaces de integrar los esfuerzos alrededor de un proyecto común. Así sus alianzas tienden a ser muy frágiles y limitadas en el tiempo, lo que les impide, si no existen amenazas próximas, aglutinar frentes electorales importantes.

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