El mensaje presidencial trae una fresca brisa humanista y de sentido común, que reanima y da esperanza. Los economistas que, en todas sus variedades y capillas, pretenden monopolizar la conducción del país, olvidan que a su disciplina, original y acertadamente, se la llamó "Economía Política". Ello porque, aunque lo económico sea fundamental y condicionante, se debe someter a los fines de la organización, que es política.
Esto no es ninguna novedad: en la misma forma, en una empresa mercantil, sus propósitos, la calidad y la distribución del producto, determinan cómo se invierten los fondos. Tan absurda como la economicista idea del "déficit consolidado" en el sector público sería la de adulterar o dañar el producto de una empresa para "hacer economías", y que sus números cuadren.
Por eso, al mismo tiempo que nos anima la exclusión que del "déficit consolidado" hace el mensaje presidencial, nos preocupa que, para lo demás, también muy importante, se siga utilizando el concepto de 'olla común' para medir el déficit, lo que, con grave daño, somete los sanos a la medicina de los enfermos.