La discusión sobre inteligencia artificial (IA) en educación suele reducirse a una pregunta: ¿ChatGPT ayuda a aprender o facilita que los estudiantes hagan menos esfuerzo? PISA 2025 no puede resolverla, pero ofrece una primera descripción de cómo los jóvenes costarricenses utilizan estos programas para sus trabajos escolares.
Al analizar las respuestas de los estudiantes, la mitad declaró usar chatbots al menos una vez por semana “para ayudarme a aprender”. Una tercera parte (34%) los emplea con esa frecuencia para redactar trabajos escritos; el 15% afirma hacerlo todos o casi todos los días. Son usos declarados, que pueden coexistir en una misma persona. La prueba no observa qué escribieron los estudiantes ni cuánto comprendieron después de utilizar la herramienta.
La distinción importa. Pedirle a un chatbot que explique un concepto, resuelva una duda o proponga otra forma de estudiar no es lo mismo que entregarle la redacción de una tarea. Tampoco toda redacción asistida sustituye el trabajo intelectual: un estudiante puede revisar, corregir y cuestionar una respuesta, o copiarla sin comprenderla. La frecuencia de uso no permite distinguir entre ambas situaciones.
Los puntajes refuerzan la necesidad de cautela. Quienes dijeron usar IA una o dos veces por semana para aprender obtuvieron, en promedio, 443 puntos en ciencias, frente a 414 entre quienes nunca o casi nunca la usaron con ese fin. Entre quienes la utilizan todos o casi todos los días, el promedio fue de 435 puntos. Esta comparación no demuestra que el uso semanal eleve el rendimiento ni que el uso diario lo reduzca: los grupos pueden diferir en recursos familiares, trayectoria escolar y tipo de colegio.
El uso varía por tipo de colegio: 63% de los estudiantes en colegios privados usa IA semanalmente para aprender, frente al 48% de los jóvenes en colegios públicos. Sus directores también reportan más reglas y capacitación digital. Esto cuestiona que el mayor uso responda solo a la falta de reglas; no revela cuánto se aprende con la herramienta.
El dato de PISA plantea una tarea más concreta que prohibir o celebrar la IA. Los colegios necesitan saber cuándo los estudiantes la usan para explorar una idea, cuándo reemplazan con ella una actividad de aprendizaje y cómo comprobar la diferencia. Una evaluación que pida justificar decisiones, mostrar borradores o defender una respuesta permite observar mejor el aprendizaje que una tarea cuyo único producto sea un texto terminado.
La inteligencia artificial ya forma parte del trabajo escolar de muchos jóvenes. La pregunta relevante para la educación costarricense es cuánto de ese trabajo sigue siendo aprendizaje del estudiante.
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Andrés Fernández Arauz es economista.
