
Analizar experiencias exitosas y adaptar políticas a la realidad local es un ejercicio que puede incrementar dramáticamente la productividad en el uso de los recursos públicos. Los intentos de reinventar soluciones ya conocidas suelen traducirse en mayores costos e ineficiencias.
Independientemente de la opinión que se tenga sobre el sistema político de China, el éxito de este país en el combate a la pobreza puede tener lecciones de suma importancia para países como Costa Rica.
Las reformas iniciadas hace 45 años han producido poco menos que un milagro. En 1978, un 97% de la población china vivía bajo la línea de pobreza extrema; hoy, ese porcentaje es cero. De acuerdo con el Banco Mundial, 800 millones de chinos han salido de esa condición, lo que representa aproximadamente tres cuartas partes de la reducción mundial de la pobreza en ese periodo. ¿Qué lecciones deja ese logro sin precedentes en la historia de la humanidad?
En primer lugar, debe resaltarse que la reducción de la pobreza a gran escala en China se debe, sobre todo, a un crecimiento económico sostenido y rápido. El PIB per cápita entre 1978 y 2020 creció a una tasa media anual del 8,2%. Aparte de la relación positiva entre crecimiento económico y el aumento del empleo, y de este con la reducción de la pobreza, China aprovechó ese rápido crecimiento del PIB para focalizar esfuerzos en la reducción de la pobreza rural y en regiones especialmente en desventaja.

En segundo lugar, China implementó políticas públicas que le han permitido avanzar de acuerdo con conceptos más sofisticados de bienestar, como el que se deriva del índice de desarrollo humano. Este mide progreso no solo en relación con el ingreso per cápita, sino también con mejoras en salud y educación.
Informes de las Naciones Unidas, institución creadora de ese índice, indican que China pertenecía en 1980 al grupo de países con “bajo desarrollo humano”. Después de 1995, pasó a la categoría de “desarrollo humano medio” y, posteriormente, en 2011, avanzó al grupo de “alto desarrollo humano”.
China ha materializado ese logro prestando atención especial a la acumulación de capital humano, mejorando la educación y las condiciones de salud de la población mediante diversos programas. Por ejemplo, en 1986 entró en vigencia la Ley de Educación Obligatoria. Desde entonces, la productividad laboral se incrementó sustancialmente.
Los estudiantes provenientes de familias pobres han podido disfrutar de educación de calidad gratuita y de subsidios en prácticamente todos los niveles. Además, mediante un mecanismo de monitoreo dinámico focalizado, se ha eliminado la deserción escolar en los 832 condados más pobres del país.
En tercer lugar, en 2013 el gobierno lanzó un programa de alivio focalizado de la pobreza. El plan contemplaba cuatro elementos principales: identificación precisa, asistencia focalizada, gestión eficaz y evaluación rigurosa. Este concepto hace énfasis en la precisión y en la utilización de indicadores cuantitativos a lo largo de todo el proceso.
La asistencia focalizada exige que los gobiernos locales colaboren con los agricultores y con expertos para identificar las desventajas específicas de cada hogar pobre, así como las formas más eficientes de aumentar sus ingresos.
El desarrollo industrial también constituye un instrumento clave de las políticas de asistencia focalizada. Consiste en desarrollar industrias locales que proporcionen oportunidades de empleo a la población pobre en edad de trabajar.
Además, el programa también fomenta el desarrollo de nuevas actividades, como el comercio electrónico. El “Proyecto de Demostración Integral de Comercio Electrónico Rural” llegó a tener presencia en los 832 condados pobres y contribuyó a la creación de más de 13 millones de comerciantes rurales en línea.
Finalmente, China construyó una sólida red de protección social por medio de la garantía de un nivel mínimo de vida. Denominado “Dibao” en chino, este plan ha atraído considerable atención académica, en parte porque probablemente sea el programa de este tipo más grande del mundo.
Establece que, si el ingreso per cápita de un hogar se encuentra por debajo de determinado umbral, el hogar puede tener derecho a recibir el beneficio Dibao, siempre que cumpla simultáneamente otros requisitos, tales como no disponer de activos rentables. El Dibao se implementó en China en 1999, inicialmente en las zonas urbanas; en 2007 se extendió a las zonas rurales.
El Dibao comparte características con los programas de transferencias monetarias condicionadas conocidos en Costa Rica y otros países. Ofrece subsidios adicionales sujetos al cumplimiento de determinadas condiciones, como la asistencia de los niños a la escuela o la utilización de tratamiento médico de servicios de salud para la prevención y la cura de enfermedades.
Las investigaciones han demostrado que una red de protección social basada principalmente en el Dibao desempeña un papel positivo tanto en la mejora del nivel de vida de las personas pobres como en su capacidad para aumentar el gasto en capital humano, particularmente en educación y salud.
La humanidad ha tratado de encontrar caminos que permitan simultáneamente el crecimiento económico y la reducción de la pobreza. Los fracasos son abundantes. Hoy observamos que reducir la pobreza se mantiene como un importante desafío, no solo en los países del sur global, sino también en algunos de los países con las economías más fuertes del planeta.
Ante ese panorama, la experiencia china podría mostrar estrategias efectivas para enfrentarlo.
No se trata de copiar cada medida, pero tampoco de ignorar a priori programas que han dado buenos resultados. Se trata de estudiarlos y analizar las posibilidades de adaptarlos a la realidad local.
Puede ser que los prejuicios ideológicos promovidos por la propaganda geopolítica induzcan a algunos a preferir la ceguera intelectual, pero creemos que las personas más pobres del planeta merecen otra ruta: la del estudio de las políticas que han dado frutos, la que crea esperanza.
ottonsolis@ice.co.cr
Ottón Solís es economista. Ha sido diputado, ministro y candidato presidencial.
Yang Song, PhD de Cornell University, es profesor en la Escuela de Economía de la Universidad Renmin, en China.
Kewei Zhang es profesor asociado en la Escuela de Economía de la Universidad Renmin, en China.