Columnistas

Sentido del preámbulo

Analicemos este hecho histórico: después de sancionar la Constitución, los constituyentes invocaron el nombre de Dios y reiteraron su fe en la democracia

Carlos Arguedas Ramírez fue asesor de la presidencia (1986-1990), magistrado de la Sala Constitucional (1992-2004), diputado (2014-2018) y presidente de la Comisión de Asuntos de Constitucionalidad de la Asamblea Legislativa (2015-2018). Es consultor de organismos internacionales y socio del bufete DPI Legal.
Carlos Arguedas Ramírez.

A principios de noviembre de 1949, los constituyentes se reunieron por última vez en el Palacio Nacional que casi cien años antes se construyó, gracias a Juanito Mora, para decretar y sancionar la Constitución republicana. Invocaron el nombre de Dios y reiteraron su fe en la democracia. Al día siguiente, volvieron a sus ocupaciones habituales, desprovistos del poder que tuvieron hasta el día anterior.

Invocación y reiteración fueron unánimes, sin matices ni discrepancias. ¿Eran creyentes todos ellos o invocaban algunos el nombre de Dios en vano? ¿Qué significado atribuían a su fe democrática? Si algunos disentían o procedían con escepticismo, no lo dijeron; todos rubricaron la rotunda manifestación consignada en el preámbulo.

¿Qué significado tiene la fórmula empleada para introducir el acto de autoridad mediante el que impusieron a los demás, generación tras generación, un régimen de organización y gestión social que ellos mismos escogieron; acto para el que decían estar legitimados por lo que, presumiblemente convencidos, llamaron libre elección de sus cargos, y por la consiguiente representación del pueblo que según ellos ostentaban y que hasta donde sé nadie les negaba en voz alta?

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