Al leer que Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud de Estados Unidos, considera que la inteligencia artificial (IA) podría ofrecer una segunda opinión “mucho mejor informada que cualquier médico del país”, me llamó la atención otra expresión que usó: “tiranía médica”. Según Kennedy, la IA permitiría cuestionar a médicos y autoridades, incluso sobre mascarillas, distanciamiento y vacunas.
Le pregunté a ChatGPT qué opinaba de esas declaraciones. La respuesta fue que la IA puede ser útil, pero afirmar que está mejor informada que cualquier médico va más allá de lo que demuestra la evidencia. Procesar mucha información no significa comprender mejor cada situación clínica ni poder asumir la responsabilidad de una decisión.
Desde siempre, pacientes y familiares han buscado información para entender una enfermedad o prepararse para una consulta. Antes, acudían a los libros; después, a Google o Wikipedia. Ahora, también preguntan a la inteligencia artificial. Y eso no está mal. Informarse puede ayudar a hacer preguntas, expresar dudas y participar más activamente en el cuidado de la salud.
Lo que sí debemos recordar es que la información no sustituye el encuentro clínico. La relación entre médico y paciente es humana: incluye escuchar, explorar, comprender el contexto, tomar decisiones compartidas y acompañar. La IA puede apoyar esa relación; no puede ofrecer el vínculo, la confianza y la responsabilidad que nacen de la atención de una persona por otra.
Los estudios sobre consultas médicas con IA ofrecen resultados diversos. En 2023, investigadores compararon respuestas de ChatGPT con las de médicos a 195 preguntas publicadas en un foro de salud. Los profesionales que las evaluaron prefirieron las respuestas del chatbot y las calificaron mejor en calidad y empatía. Pero el estudio evaluó respuestas escritas: no midió si los pacientes mejoraron ni comparó la precisión diagnóstica en consultas reales.
En 2025, un sistema conversacional especializado obtuvo mejores evaluaciones que médicos de atención primaria en consultas por chat con pacientes simulados. Es un resultado prometedor, aunque una consulta simulada no representa la práctica habitual.
También hay ejemplos de uso complementario en atención real. En China, un ensayo aleatorizado con 2.069 pacientes probó un chatbot que recopilaba antecedentes antes de la consulta con especialistas y generaba un informe. El tiempo de consulta se redujo y mejoraron las evaluaciones de coordinación y comunicación. La herramienta ayudó a preparar la consulta; el ensayo no demostró que pudiera reemplazar al equipo médico.
En otra prueba, 1.298 personas del Reino Unido usaron modelos de IA para interpretar escenarios médicos y decidir qué hacer. No tomaron mejores decisiones que quienes recurrieron a sus recursos habituales. El desempeño de un modelo ante un caso completo no garantiza que ayude igual cuando conversa con una persona real.
La investigación clínica también exige cautela: de 4.609 estudios sobre modelos de lenguaje en medicina, solo 19 fueron ensayos prospectivos aleatorizados. Esto no prueba que la IA carezca de valor. Sí muestra que su uso requiere evaluación rigurosa en contextos reales y con resultados relevantes para los pacientes. Un editorial reciente de Nature pide precisamente pruebas de ese tipo para las herramientas que influyen en decisiones clínicas.
No se trata de prohibir la inteligencia artificial. Puede ayudar a ordenar información y hacer más productiva una consulta. Pero informar no es lo mismo que cuidar. La confianza en los médicos merece preguntas y escrutinio; la confianza en un algoritmo, también.
Y si la inteligencia artificial está mejor informada que cualquier médico, ¿cuándo nos liberará de la “tiranía” de los pilotos, los abogados y los ingenieros? La próxima vez que subamos a un avión, podríamos pedirle a un chatbot que cuestione al piloto. Después de todo, también habrá leído mucho sobre aviación.
avilaaguero@gmail.com
María L. Ávila Agüero es pediatra infectóloga, jefa del Servicio de Infectología del Hospital Nacional de Niños y miembro de la Academia Nacional de Ciencias y de la Academia Nacional de Medicina.