Columnistas

¿Qué tenían en común Billy el Niño y Rockefeller?

Billy el Niño y John D. Rockefeller representan vidas radicalmente distintas, pero en el libro ‘Los desesperados’, de Éric Vuillard, es posible hallar una manera de acercarlos y reflexionar sobre el poder de los símbolos

Carlos Arguedas Ramírez, columnista de La Nación de Costa Rica, exmagistrado de la Sala Constitucional y exdiputado, actualmente consultor internacional y socio de DPI Legal.
El autor Carlos Arguedas busca posibles elementos comunes entre dos personajes que nacieron en Nueva York y fueron contemporáneos durante varios lustros. Foto: Alejandro Gamboa M.

Tal como lo recuerdo, en cierta esquina de una plaza de Mesilla, Nuevo México (el día menos pensado le cambian el nombre), hay una construcción modesta y deslucida que, a pesar de eso, se conserva con esmero porque en 1881 sirvió de cárcel a Billy el Niño, el prematuro bandido. La verdad es que cuando la visité, él era para mí un personaje de leyenda, de interés más bien incierto, no obstante que “con diecisiete años, mató a su primer hombre”.

Así siguió siendo hasta que leí Los desesperados. Una historia de Billy el Niño, de Éric Vuillard, un libro que se abre paso a la manera de la historia, o del relato, o de la herejía (cualquier día prohíben su lectura); en suma, como un símbolo.

Hay un contraste violento entre el joven delincuente que no pasó de los 21 años y John D. Rockefeller, el multimillonario que llegó a los 91 pensando solo, según Vuillard, “en el petróleo, en estandarizar su aceite, su gas”, y del que cuenta que al final de su vida “solo bebía leche materna y que, cuando sus invitados, las pocas veces en que los tenía, se iban, rebuscaba en los platos y se terminaba las sobras”.

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