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Que Halloween no termine en un susto

Si la decisión es celebrarlo, reduzca los riesgos con supervisión, disfraces adecuados, acuerdos sobre las salidas y la revisión de las golosinas

Rocío Solís Gamboa, psicóloga, experta en temas de niñez y adolescencia
"Halloween implica actividades en la calle, contacto con personas desconocidas y, en ocasiones, situaciones que los niños todavía no tienen la madurez suficiente para manejar solos", advierte Rocío Solís. Rocío Solís Gamboa

El 31 de octubre, Halloween se celebra en numerosos países y Costa Rica no es la excepción. Más allá de los disfraces, los dulces y las actividades recreativas, esta fecha ofrece una oportunidad para que las familias conversen con sus hijos sobre las tradiciones, sus creencias, el respeto por las diferencias y la importancia de cuidarse.

Conocer el origen de esta celebración permite comprender mejor su evolución. Sus antecedentes se relacionan con el Samhain, una festividad de los antiguos pueblos celtas de Irlanda y otras regiones de Europa, que marcaba el final de la temporada de cosechas y el inicio de la época oscura del año. Según sus creencias, durante esa noche se estrechaba el vínculo entre el mundo de los vivos y el de los muertos. De ahí surgieron algunas prácticas asociadas con los disfraces y las fogatas.

Posteriormente, la tradición se vinculó con la víspera del Día de Todos los Santos, celebrado el 1.º de noviembre en la tradición cristiana. De la expresión inglesa All Hallows’ Eve surgió el nombre Halloween. Durante el siglo XIX, los inmigrantes irlandeses contribuyeron a extender esta celebración en Estados Unidos, donde adquirió muchas de las características que conocemos hoy.

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