Columnistas

Prisioneros del dolor

Aunque generalmente son los pobres quienes carecen de acceso a los opioides, por una vez el problema principal no es el coste.

Peter Singer
Peter Singer

PRINCETON – El mes pasado, un tribunal egipcio condenó a Laura Plummer, una inglesa empleada de tienda de 33 años de edad, a tres años en prisión por contrabandear 320 dosis de tramadol al país. Tramadol es un medicamento opioide de venta con receta disponible en el Reino Unido para el alivio del dolor. Está prohibido en Egipto, donde hay altos niveles de adicción a él. Plummer dijo que se lo llevaba a su novio egipcio que sufre de dolores crónicos y que no sabía que estaba violando las leyes egipcias.

Los medios británicos han estado llenos de historias que simpatizan con el gran aprieto en que se encuentra Plummer, a pesar del hecho de que llevaba más pastillas que las que los doctores británicos pueden recetar. Sin embargo, más allá de las ventajas y desventajas de su arresto y sentencia, el caso ilumina un asunto con muchas más ramificaciones.

LUCHA CONTRA LA PRODUCCIÓN DE OPIO AFGANA EFE/S. Sabawoon (S. SABAWOON)
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