Las palabras son más que unidades de significado que describen o nombran hechos, cosas e ideas. Con ellas construimos patrones lingüísticos que reflejan, pero también determinan, formas de interacción y significado; es decir, cultura en sentido amplio, además de cambiante.
A partir de este minúsculo apunte, basado en John L. Austin, filósofo británico del lenguaje (1911-1960), postulo que escoger la “palabra del año” no es un simple divertimento o acto promocional de diccionarios o academias. Hecha con seriedad, ofrece pistas para identificar sensibilidades, inquietudes, desafíos, tendencias o simples modas, en tiempos y lugares específicos.
En este 2023 que ya fenece, el impacto de la inteligencia artificial (IA), los estilos de vida y las dinámicas sociopolíticas movieron las selecciones más reconocidas. Los diccionarios Merriam-Webster (Estados Unidos) y Cambridge (Reino Unido) optaron por “auténtico” y “alucinar”, respectivamente. El primero, para reflejar la importancia de lo real y genuino en un mundo proclive a la manipulación; el segundo, para destacar el eufemismo que maquilla las distorsiones y falsos resultados arrojados por los modelos de IA: en lugar de mentir, “alucinan”.
