Columnistas

Mientras Gaza arde

Hemos aprendido a desayunar junto a imágenes de edificios pulverizados, a seguir trabajando después de ver un cuerpo diminuto cubierto por una sábana, a leer que personas que buscaban comida fueron baleadas y pasar a la siguiente noticia

Palestinos recogen los escombros tras bombardeo de Israel en Deir al-Balah, Gaza, que dejó dos muertos este 29 de julio.
Palestinos recogen los escombros tras bombardeo de Israel en Deir al-Balah, Gaza, que dejó dos muertos este 29 de julio. EYAD BABA
Palestinos recogen los escombros tras bombardeo de Israel en Deir al-Balah, Gaza, que dejó dos muertos este 29 de julio.
Palestinos caminan entre los escombros que dejó un bombardeo israelí en Deir al-Balah, Gaza, el pasado 29 de julio. (EYAD BABA/AFP)

Hay momentos en los que la prudencia del lenguaje deja de ser una virtud y empieza a parecerse mucho a la cobardía. Gaza es uno de ellos. Hay palabras que uno quisiera reservar para los abismos de la historia, precisamente porque fueron creadas para nombrar aquello que la humanidad juró no volver a permitir. Genocidio es una de esas palabras. Y, sin embargo, llega un momento en que negarse a pronunciarla por miedo a parecer excesivo puede terminar siendo una forma de hacer pequeño el horror.

En setiembre de 2025, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas concluyó que Israel había cometido genocidio contra la población palestina; en 2026 volvió a sostener esa conclusión. No estamos, por tanto, ante una palabra lanzada al aire por la indignación.

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