Columnistas

Los primeros 80 años de ‘La Nación’

El problema no es el surgimiento de un nuevo grupo de poder. Hace un siglo, Mosca, Pareto y Michels hablaban de la circulación de élites como un hecho inevitable de la política e, incluso, como un requisito para la renovación social

Figura de hombre con sombra proyectada en medio de la nada o de la inmensidad
La historia de"'La Nación" importa, pero también lo que está por venir. Su futuro se debate entre las presiones del poder político, el dominio de las plataformas tecnológicas y la defensa de una voz independiente. Shutterstock

A muchos nos ocurre que, en las fechas de aniversario, repasamos nuestras vidas. Entonces, logros, cicatrices, aprendizajes, amores, personajes y decepciones desfilan por nuestros mundos íntimos y nos preguntamos si el tango ha valido la pena. Que para eso son las fechas destacadas: para romper con la linealidad de la vida cotidiana y enriquecerla con un alud de significados y sentimientos.

Si, a primera vista, las efemérides parecieran reforzar la dictadura implacable e infinita del tiempo –fechas son fechas y punto–, la verdad es que los significados le imponen, a esa linealidad, un ritmo propio, el compás y las síncopas. Así, unos bailan tango y otros bolero; estos “perrean” y aquellos se deslizan glamorosos con un cha-cha-chá. Y no faltan los chapados a la antigua que escogen un vals. Que la vida, después de todo, hay que vivirla y ojalá concluirla como lo dice el gran Amado Nervo: “Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. / ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”.

Pero, ni modo, resulta que a mí los aniversarios me dan por pensar en lo que viene y no tanto en lo que fue. Quizá es así porque he hecho ciertas paces con lo que ya fue, no sé, o tal vez caigo en cuenta de la inescapable realidad de no poder cambiar el pasado.

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