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Los afectos y los efectos detrás de las victorias de Lula

¿Cómo hizo Lula para ganarle dos veces a lo que parecía un tren imparable? Dos claves: los afectos y los efectos

Leonardo Garnier, economista y exministro de Educación
Leonardo Garnier ha sido profesor e investigador de la Universidad de Costa Rica (UCR) y de la Universidad Nacional (UNA), ministro de Planificación Nacional y Política Económica (1994-1998), ministro de Educación Pública (2006-2014) y asesor especial del secretario general de las Naciones Unidas para la Cumbre por la Transformación de la Educación (2022-2023). Jeffrey Zamora R.

Ganó Lula. Contra las encuestas y las apuestas, ganó Lula. Pero no solo ganó contra Bolsonaro: ganó contra toda esa maquinaria internacional que, aquí y allá, aprovecha el desencanto político para promover el populismo autoritario y conservador de derecha. Al derrotar a Jair Bolsonaro, primero, y ahora a su hijo Flávio, Lula y Brasil demuestran que ese proyecto político, aunque temible, no es invencible –pero, ojo, tampoco es fácil de vencer–. ¿Cómo hizo Lula para ganarle dos veces a lo que parecía un tren imparable?

Dos claves: los afectos y los efectos. Por efectos, me refiero a los efectos reales, tangibles e innegables de las políticas de Lula. Durante sus gobiernos, Brasil ha crecido. El empleo y los ingresos reales han aumentado. La pobreza se ha reducido como nunca antes. Las políticas sociales y redistributivas se han fortalecido: desde los programas universales de salud y educación hasta transferencias como las de Bolsa Familia. Se ha impulsado la defensa del ambiente. Lula prometió gobernar para los más pobres, y lo hizo.

Pero tanto como los efectos, en política cuentan los afectos. Lula siempre lo ha entendido, y se ha mantenido como un líder cercano a la gente: a los trabajadores, a las mujeres, a los estudiantes, a los pequeños empresarios, a los defensores del ambiente, a su gente. Y su gente lo quiere.

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