Columnistas

La violencia política socava la democracia

Para alcanzar y permanecer en posiciones de poder sin riesgo a su integridad y en igualdad de condiciones, las mujeres requieren apoyo de sus parejas y familiares, de sus partidos y organizaciones, del Estado y de todas las estructuras sociales.

La diputada Floria Segreda del Partido Restauración Nacional salió del anonimato en que pasan el cuatrienio la mayoría de los diputados para sentar un precedente fundamental: denunciar a un compañero de fracción por acoso político.

En un audio que le envió, el diputado Melvin Núñez declara amar a la legisladora “porque es una señora que le merece respeto”, pero añade que “le tocó a usted pagar ese precio para que no lo vuelva a hacer” (el precio fue la intimidación). Doña Floria lo perdonó, aunque no ha retirado la denuncia por el delito de amenazas contra un funcionario público. Si bien ese tipo legal no es el idóneo para este caso, es lo que procede mientras no tengamos una ley para proteger a las mujeres de esta violencia.

En el mismo audio, Núñez se refiere a la presidenta del Congreso, Carolina Hidalgo, en términos peyorativos y dice que ella sabe “que se tiene que cuidar porque yo no dejo las cosas para después”. Hidalgo también interpuso una denuncia contra él.

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