Columnistas

‘La Nación’ y yo: una historia con sus desencuentros

Mi historia con ‘La Nación’ está hecha de noticias, historietas, café, artículos publicados y alguna que otra indignación. Es, en suma, una relación viva

12/10/2026, San José, Grupo Nación, Rotativa, impresión del periódico del 80 Aniversario de La Nación, con el nuevo diseño.
La rotativa de "La Nación", el pasado 13 de octubre, durante la primera impresión del periódico con su diseño renovado por el 80.° aniversario. Jose Cordero

La Nación me ha acompañado durante la mayor parte de mis más de seis décadas de vida, por lo que se podría decir que es parte de mi biografía. Ha sido una ventana al mundo, un espacio de reflexión y, desde hace años, también una tribuna desde la cual intentar aportar modestamente al debate nacional.

Mis padres eran ávidos lectores y me transmitieron ese hábito desde pequeño. En casa, recibíamos dos periódicos: La Nación y La Prensa Libre, que yo siempre leía religiosamente. Durante el relativamente corto periodo de su existencia, también llegó Excélsior, aunque su enorme formato me desanimaba: más que un periódico, parecía una sábana desplegada sobre la mesa.

De niño, tenía una costumbre que hoy puede sonar extraña: leía La Nación de atrás para adelante. Empezaba por la última página, seguramente porque allí estaban las tiras cómicas, mi sección favorita. Los domingos eran una fiesta: Archie, Pepita, El Fantasma, Mandrake el Mago, Olafo y tantos otros personajes ocupaban una sección completa y alimentaban mi imaginación. Después, llegó la queridísima Mafalda, a quien sigo leyendo todos los días, sin falta. No importa que conozca de memoria algunas de sus tiras: su inteligencia, su ironía y su mirada inconforme conservan una frescura que muchos comentarios de actualidad envidiarían.

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