Columnistas

La escuela de matones del chavismo

Lo más grave del chavismo no es cada frase individual, por repugnante que sea. Lo grave es la normalización

22/06/2026, San José, Casa Presidencial, conferencia de prensa de la presidenta Laura Fernández junto al ministro de Hacienda Rodrigo Chaves.
El alumno aventajado de Chaves parece ser el ministro de Justicia, Gabriel Aguilar. Y la presidenta Fernández ha mantenido el estilo de su antecesor, amplificándolo, en un desesperado esfuerzo por mostrar que es valiente. Jose Cordero

El estilo comunicativo del chavismo costarricense –ejemplificado por don Rodrigo Chaves, doña Laura Fernández, doña Pilar Cisneros y algunos ministros– no constituye una simple falta de modales o una “manera de ser” excéntrica. Se trata de un instrumento deliberado de polarización y deslegitimación institucional que normaliza la agresión verbal, erosiona la convivencia democrática y convierte el insulto en herramienta de gobierno.

Lo que en una democracia funcional sería inadmisible, ha sido tolerado y hasta celebrado por una porción significativa del electorado, lo cual constituye un fenómeno de descomposición moral que trasciende la anécdota.

Un sector de la población ha decidido excusar la violencia verbal y las expresiones de crueldad del chavismo, porque supuestamente se trata de un simple asunto de etiqueta. Nada más alejado de la realidad. Lo que hemos presenciado desde mayo de 2022 no es un presidente sin filtros, ni una vicepresidenta valiente, ni una asesora “sin pelos en la lengua”. Es un sistema comunicativo diseñado para deslegitimar a cualquiera que se atreva a diferir o cuestionar y para construir una identidad política basada en el odio al “otro”.

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