Columnistas

La destrucción de un país

Solo existe él, con su fosforescencia engañosa, y quienes le dan la razón. Estos últimos no deberían de entusiasmarse, pues su importancia es solo en calidad de devotos, nunca de ciudadanos

líderes autoritarios, populismo, autócratas
Quienes lo siguen apasionadamente son sus “hijos favoritos” y a ellos les da un supuesto lugar al extenderles la metáfora que usa para sí: ahora también son “jaguares”. Imagen: Shutterstock Shutterstock
líderes autoritarios, populismo, autócratas
Quienes lo siguen apasionadamente son sus “hijos favoritos” y a ellos les da un supuesto lugar al extenderles la metáfora que usa para sí: ahora también son “jaguares”. Imagen: Shutterstock (Shutterstock/Shutterstock)

Persistentemente, me escalofrío frente a ese padre o esa madre que avivan los conflictos entre sus hijos a fin de sacar ganancias, casi siempre narcisistas. Son familias donde las alianzas contra algún miembro abundan y el odio aceita su existencia como grupo.

Se basan en esta idea tan tradicional en la historia de la humanidad de que la realidad se divide en buenos y malos y nada más buenos y malos. Los hijos buenos y los hijos malos, de eso se trata.

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