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La confusion envuelve al Acuerdo Transpacífico

La política comercial, que requiere seriedad y constancia, ha sufrido y puede debilitar nuestra credibilidad negociadora. Todo esto pudo evitarse, pero las prioridades gubernamentales andan por otro lado

Eduardo Ulibarri, periodista y analista. Exdirector de La Nación
"Considero que el libre comercio global, con buenas reglas y adecuados balances, es motor de desarrollo", afirma Eduardo Ulibarri. Eduardo Ulibarri

Empiezo con una confesión: considero que el libre comercio global, con buenas reglas y adecuados balances, es motor de desarrollo. Por esto, por lo que representan los 11 países que lo integran, y por la necesidad de diversificar relaciones comerciales, apuesto a que el balance de nuestra incorporación al Acuerdo Transpacífico será positivo.

Sin embargo, tengo en suspenso mi juicio final. Aporto dos razones. La primera: no conocemos los detalles del convenio, en los que por lo general se esconde el diablo. La segunda: para que el sector agropecuario orientado al mercado local pueda absorber su impacto, no solo se requiere un acuerdo razonable, sino políticas internas que refuercen su capacidad de hacerle frente.

Las negociaciones para lograr el acceso al CPTPP (sus siglas en inglés) se extendieron durante casi toda la anterior administración. Era tiempo suficiente para identificar posibles perdedores (que siempre los hay) y emprender programas de fortalecimiento, reconversión, diversificación y competitividad a su favor. Sin embargo, brillaron por su ausencia. A la vez, su capacidad para competir con otros países ha sufrido por el impacto del tipo de cambio.

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