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La carrera por fabricar el arma final

Cada empresa prefiere fabricar el arma final antes que dejar que la fabrique el vecino, y esa preferencia sobrevive intacta a cualquier advertencia sobre el fin del mundo

Mauricio París, abogado, columnista de La Nación
Mauricio París, abogado, columnista de La Nación Mauricio París

Tengo guardado en mi carrete un cartoon del New Yorker que tiene a un tipo sentado junto a una fogata, viste un traje destruido y está en medio de una ciudad en ruinas, contándoles a tres niños: “Sí, el planeta se destruyó. Pero por un hermoso momento generamos mucho valor para los accionistas”. Cuando lo guardé, hace unos 15 años, me daba mucha risa; ahora me parece algo que pasará en cualquier momento.

La semana pasada, Jacob Coxon, investigador que renunció a Anthropic, empresa dueña de Claude, dio una entrevista en la que advierte de que la industria está jugando con nuestras vidas y que quienes están construyendo la inteligencia artificial creen en privado que podría matarnos a todos en cuatro años.

Evan Hubinger, un excolega, no lo contradijo y afirmó que hay un 10 por ciento de probabilidad de extinción en esta década. Coxon afirmó que los propios desarrolladores conocen bien el riesgo y avanzan igual hacia el despeñadero a ritmo frenético, por temor a que la competencia llegue primero. A inicios de agosto, otro de estos caballos del apocalipsis anunció que uno de sus modelos alcanzó el nivel más alto de riesgo cibernético de su propia escala.

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