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La anticoncepción de emergencia es un derecho, no un privilegio

Si la violencia sexual se impone, el acceso a la anticoncepción de emergencia no puede convertirse en una segunda forma de desprotección

Las víctimas de agresión sexual en edad reproductiva deben recibir la oferta de anticoncepción de emergencia, recomienda el American College of Obstetricians and Gynecologists.
Las víctimas de agresión sexual en edad reproductiva deben recibir la oferta de anticoncepción de emergencia, recomienda el American College of Obstetricians and Gynecologists.

Hay decisiones de salud que no admiten ideologías, prejuicios ni barreras burocráticas. La anticoncepción de emergencia (AE) es una de ellas. Para una mujer que ha tenido una relación sexual sin protección y si es particularmente mediada por violencia, disponer oportunamente de una píldora de levonorgestrel (LNG) puede evitar un embarazo no deseado y sus profundas consecuencias personales, familiares y sociales.

Si la violencia sexual se impone, el acceso a la anticoncepción de emergencia no puede convertirse en una segunda forma de desprotección.

La anticoncepción de emergencia no es un privilegio ni una concesión moral. Es una intervención sanitaria vinculada a los derechos sexuales y reproductivos, la autonomía corporal y el derecho a recibir atención oportuna y de calidad.

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