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Nuestra lucha ha de ser contra los vampiros digitales

Emulando a McLuhan, el algoritmo es el mensaje. Ya no vemos el mundo, vemos el mundo que los algoritmos quieren que veamos

Carlos Cortés, escritor y columnista de La Nación
Carlos Cortés, escritor y columnista de La Nación Carlos Cortés

Más del 70% de la población mundial utiliza redes sociales durante al menos seis horas al día y casi una cuarta parte del PIB del planeta corresponde a la economía digital, dominada por cinco todopoderosas Big Tech. Nunca ha habido en la historia humana tanto poder reunido en tan pocas manos, y al alcance de un dedo.

El problema es que ese dedo no es nuestro. A pesar de la ideología de la autonomía comunicativa (“yo soy el productor de mi mensaje sin intermediarios”) y del individualismo, la única injerencia real que tenemos sobre el ecosistema digital es desconectarnos. Y el mecanismo está hecho para que sea muy difícil hacerlo.

No es exagerado decir que “los modos en que imaginamos el mundo están modelados por la gestión algorítmica que esas plataformas hacen de lo que se muestra en ellas”, como diría el comunicólogo Nick Couldry. Emulando a McLuhan, el algoritmo es el mensaje. Ya no vemos el mundo, vemos el mundo que los algoritmos quieren que veamos.

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