Por ello, quiero aprovechar esta columna para referirme a lo que ha sido una grata experiencia al conocer el actuar de nuestras autoridades judiciales: desde las de policía e investigación (OIJ), pasando por el rol de fiscales y fiscalas del Ministerio Público, hasta los tribunales de juicio y de apelación y la Sala Tercera de la Corte.
En una actividad social, un buen amigo me comentó sobre el pódcast Radiografía del crimen, elaborado por los periodistas Tatiana Vargas, Daniel Quesada, Sharon Hernández y Ernesto Romero. El programa narra, con un nivel muy profesional y objetivo, historias de casos judiciales. Comienza con la descripción de los hechos; luego, los investigadores del OIJ se refieren a la recolección de indicios, la investigación policial y la pericia científica; finalmente, los fiscales y fiscalas que llevaron cada caso explican el proceso hasta la sentencia definitiva y los recursos presentados.
Luego de verlos –y confieso que me costó separarme–, es impresionante el nivel de profesionalismo de nuestros cuerpos de investigación y la profundidad del trabajo de los científicos a cargo de cada caso. Sorprende la sagacidad de los investigadores. Por citar solo dos ejemplos: decidieron no retirar las vías de un cuerpo y remitirlo con estas a la autopsia y, gracias a ello, se detectó la aplicación de un veneno. En otro caso, fotografiaron la comida que había en un refrigerador, lo que permitió descartar que un niño estuviera desnutrido por la pobreza en que vivía su familia. Y su buena coordinación con la policía internacional es otro punto que debo destacar.
Finalmente, da gusto y tranquilidad ver el compromiso de los fiscales con la investigación, con la necesidad de obtener resultados favorables y con la forma de honrar y hacer justicia en favor de las víctimas. Da orgullo conocer estas historias de nuestras autoridades penales.
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Nuria Marín Raventós es politóloga.