Vaya paradoja: el dinero de sus dueños metió en problemas al Manchester City. Una comisión disciplinaria encontró que, entre 2009 y 2018, el City hizo pasar cientos de millones de libras que procedían de su propietario como si fueran ingresos por patrocinios comerciales, todo para eludir los límites de gasto para la compra de jugadores estrella.
Si el veredicto se mantiene, el problema ya no será solamente qué castigo recibe el City –multas, puntos perdidos, títulos anulados o hasta una eventual expulsión de la Premier League–, sino qué ocurre con los campeonatos, premios y posiciones de los clubes con los que compitieron durante esos años.
A pesar de sonar tan british, lo cierto es que, desde 2008, el Manchester City pasó a ser propiedad del Abu Dhabi United Group (ADUG), creado por el Sheikh Mansour bin Zayed Al Nahyan, de la familia real y vicepresidente de los Emiratos Árabes Unidos. Pese a la fobia migratoria, cada vez son más los equipos europeos que originalmente pertenecieron a asociaciones o inversionistas locales y hoy están en manos de dos tipos de inversionistas extranjeros.
Por un lado, tenemos a los inversionistas que, como los Emiratos con el City, parecen apostar al sportswashing: usar el fútbol para lavar la imagen internacional de sus Estados. Es también el caso del Paris Saint-Germain, que desde 2011 es propiedad de Qatar Sports Investments (QSI), creada por el emir Tamim bin Hamad Al Thani, de la familia real de Qatar. Lo mismo el Newcastle United, cuyo dueño mayoritario desde 2021 es el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita, presidido por Yasir Al-Rumayyan, quien también preside el club.
Por otro lado, está la creciente inversión estadounidense en el fútbol europeo, guiada más bien por una lógica mercantil. Se estima que más de 40 clubes europeos ahora tienen propietarios estadounidenses. En Italia son nueve de los 20 clubes de la Serie A, incluidos algunos de los más emblemáticos: el Inter pasó al fondo Oaktree en 2024; el Milán pertenece desde 2022 a RedBird Capital, y la Roma es del empresario texano Dan Friedkin. En Inglaterra, el Liverpool pertenece al Fenway Sports Group; el Arsenal, a Kroenke Sports, y el Manchester United, a la familia Glazer.
También ocurre en España, donde equipos como el Atlético de Madrid, el Valencia, el Girona, el Espanyol y el Real Oviedo son al menos parcialmente propiedad de empresas extranjeras. Como diría Rajoy, ya no son “mucho españoles”.
Uno pensaría que la desnacionalización de algo tan identitario como los equipos de fútbol es algo que molestaría a los fanáticos. “Mi equipo ya no es tan mío”, podrían lamentar. Pero, por ahora, parece que mientras sus equipos ganen, no importa quién es el dueño. Una encuesta a los aficionados del Newcastle mostró que un 94% estaban contentos con la compra saudí de su equipo. Gol mata identidad. Son los tiempos que vivimos.
Al menos los gigantes de España y Alemania han seguido otro camino. En España, el Real Madrid, el Barcelona y el Athletic de Bilbao siguen siendo propiedad de sus socios. Y en Alemania, la regla “50+1” exige que los socios locales conserven la mayoría de los votos, de manera que clubes como el Bayern München y el Borussia Dortmund son aún controlados por sus socios. Así me gusta más, con todo y Florentino. ¡Visca Barça!
leonardogarnier@gmail.com
Leonardo Garnier ha sido profesor e investigador de la Universidad de Costa Rica (UCR) y de la Universidad Nacional (UNA), ministro de Planificación Nacional y Política Económica (1994-1998), ministro de Educación Pública (2006-2014) y asesor especial del secretario general de las Naciones Unidas para la Cumbre por la Transformación de la Educación (2022-2023).
