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En Vela

En Vela  - 1
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En nuestras campañas políticas no abunda el humor. Sin embargo, cierto tipo de propaganda, que pretende ser seria y convincente, nos regala, sin proponérselo y por la vía del absurdo, gratos momentos de humor, salpicados de angustia.

Otto Guevara, por ejemplo, está desplegando un vigoroso esfuerzo propagandístico para demostrar que es honrado y honorable, “el único que no miente”, pues dijo “toda la verdad”, dado que así lo proclamó un polígrafo o detector de mentiras. Sus competidores, en cambio, según él, no son transparentes ni veraces ni honrados. En síntesis, el barómetro de la moral de Otto Guevara sería, entonces, el polígrafo o detector de mentiras que, como se sabe, lo puede burlar un buen experto en mentiras, y que, aplicado en política, sería un expediente monstruoso, precisamente porque se presta a todo tipo de manipulación. Y si el detector tiene un valor absoluto, sencillamente eliminemos la Fiscalía y los tribunales de justicia.

No se trata, sin embargo, en el caso de Otto Guevara, de disquisiciones científicas o filosóficas, sino de la forma como él ha explotado el “veredicto” del polígrafo: una propaganda ubérrima para demostrar que él es limpio y transparente, y sus adversarios, por el contrario, mancillados. Con este despliegue preparó su propia trampa por cuanto no cabe que una persona, político o no, segura de su honradez, vaya a hacer propaganda emocionada porque un detector ha confirmado sus valores éticos. No me imagino a Laura o a Ottón Solís erguidos en este festín publicitario sobre su propia honorabilidad. Sería tan torpe como si Ottón gastara páginas de publicidad denunciando la injusticia del detector de mentiras porque, en su caso, este aparatito no lo favoreció.

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