Columnistas

El periodismo incómodo de ‘La Nación’, una necesidad nacional

¿Qué pasaría si solo se publicara lo que el gobierno quiere que se sepa? El único beneficiado sería el poder. Los ciudadanos perderían una voz crítica, una mirada vigilante y un medio dispuesto a escuchar sus reclamos y exigir respuestas

Los cinco presidentes centroamericanos firman el plan de paz en agosto de 1987. De izquierda a derecha: Daniel Ortega (Nicaragua), José Napoleón Duarte (El Salvador), Vinicio Cerezo (Guatemala), José Azcona Hoyo (Honduras) y Óscar Arias (Costa Rica).
En agosto de 1987, los cinco presidentes centroamericanos firmaron el plan de paz. De izquierda a derecha: Daniel Ortega (Nicaragua), José Napoleón Duarte (El Salvador), Vinicio Cerezo (Guatemala), José Azcona Hoyo (Honduras) y Óscar Arias (Costa Rica). Archivo

Dice el refrán que uno nunca sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Por eso les cuento esta historia de aquel mediodía de junio de 1987, cuando el entonces presidente salvadoreño, José Napoleón Duarte (1984-1989), le dijo a Óscar Arias Sánchez: “Ojalá yo tuviera en mi país un enemigo como La Nación”.

Arias se quejaba delante de él –y delante mío– de la cobertura del periódico. Reclamaba que la información era sesgada, que los enfoques estaban dirigidos a perjudicarlo y que este medio era su enemigo de prensa más fuerte. Duarte puso fin a los reproches con aquella corta frase.

Fue en un hotel de Carrillo, Guanacaste. La Nación me había enviado a informar de un encuentro entre los mandatarios de El Salvador, Costa Rica y Guatemala –este último, Vinicio Cerezo–, después de una cumbre celebrada en San José para afinar el borrador del plan de paz para Centroamérica, aprobado finalmente en agosto de aquel año.

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