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El laberinto de un autócrata: Putin

Como tantos autócratas de la historia, Vladímir Putin al fin está pagando la abultada cuenta

Como tantos autócratas de la historia, Vladímir Putin al fin está pagando la abultada cuenta que en algún momento pasa el ejercicio del poder desde la arrogancia, el aislamiento, el uso implacable de la fuerza, el cultivo del miedo y la obsesiva demanda de obediencia.

Son estos rasgos, que anulan los criterios independientes, la lealtad crítica, el sentido de realidad, el ejercicio del disenso y el apego al rigor para tomar decisiones, los que explican en mayor medida el desastroso manejo de la invasión a Ucrania. Por esto, los enormes errores que Putin ha cometido no son producto de traspiés casuísticos, sino resultado inevitable de delirios y distorsiones a menudo inducidos por quienes temen contradecirlo.

Putin creyó, o le hicieron creer, que la invasión conduciría al colapso inmediato del gobierno de Ucrania y su reemplazo por uno títere, pero su castillo de naipes bélicos se desmoronó con estrépito ante el eficaz heroísmo de los agredidos. Creyó que destruiría la nacionalidad ucraniana, pero más bien la reactivó. Apostó por que, al proveer Rusia un tercio del gas consumido por Europa, la doblegaría al cortar suministros; sin embargo, la capacidad de adaptación europea fue ejemplar.

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