Columnistas

Diez años después, sigo teniendo algo que decir sobre el cáncer

Que el temor a un diagnóstico no sea la razón para poner sus vidas en riesgo

Nuria Marín Raventós, licenciada en Derecho y máster en Artes Liberales, cofundadora de Álvarez y Marín Corporación
Nuria Marín Raventós, licenciada en Derecho y máster en Artes Liberales, cofundadora de Álvarez y Marín Corporación Nuria Marín Raventós

Empezó octubre, el mes designado para sensibilizar sobre el cáncer de mama y destacar la importancia de su cuidado y prevención. Como sobreviviente de esta enfermedad, quiero recordarles a todas las mujeres la importancia de realizarse regularmente los estudios médicos correspondientes. Entiendo que siempre generan temor, pero, cuando se recibe un diagnóstico de cáncer, la mejor alternativa es que la detección sea temprana.

En mi caso, un milímetro hizo que pasara de un estadío 2 a un estadío 1 y que el número de dosis de quimioterapia se redujera a la mitad. Fue una grata noticia, no solo por los efectos de la quimioterapia –en mi caso, el malestar físico generalizado comenzaba al tercer día de cada aplicación–, sino también por las consecuencias que el tratamiento puede tener para la salud del corazón.

Ya han pasado diez años desde que me diagnosticaron. Tuve que someterme a dos cirugías, recibir cuatro sesiones de quimioterapia a través de un catéter que me habían implantado previamente y continuar por ocho años con medicación preventiva. Lo usual son cinco años, pero, como me explicó mi oncóloga, era mejor prolongar el tratamiento porque tengo un gen un poco rebelde.

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