Columnistas

Cuando los pueblos pierden el miedo

No sé desde hace cuánto, tal vez desde toda su historia, Nicaragua vive un parto interminable hacia su democracia. Pero algo debería haber sido aprendido ya: la fuerza de las armas solo trae nuevos tiranos.

A demonstrator holds a poster depicting Nicaraguan President Daniel Ortega and his wife Vice-President Rosario Murillo reading "Wanted for destroying a country. Reward: A Free Nicaragua" during the "Walk for Peace and Dialogue", where many demand Ortega and Murillo to step down, in Managua on April 23, 2018.
Ortega was under pressure from widespread street unrest on Monday despite backing down on a contentious pension reform plan that triggered days of violence in which at least 27 people have been killed. / AFP PHOTO / Inti OCON
A demonstrator holds a poster depicting Nicaraguan President Daniel Ortega and his wife Vice-President Rosario Murillo reading "Wanted for destroying a country. Reward: A Free Nicaragua" during the "Walk for Peace and Dialogue", where many demand Ortega and Murillo to step down, in Managua on April 23, 2018. Ortega was under pressure from widespread street unrest on Monday despite backing down on a contentious pension reform plan that triggered days of violence in which at least 27 people have been killed. / AFP PHOTO / Inti OCON INTI OCON

Es difícil dilucidar el sentido histórico de los acontecimientos cuando estallan tan cerca. En estas jornadas de lucha, dolor y luto en Nicaragua, es fácil reconocer, sin embargo, que la infamia oscura prevalece justo antes de amanecer.

Hemos sido testigos de primera línea de brutales escenas de terror donde el heroísmo juvenil hace frente al despotismo criminal. Las nuevas tecnologías nos obligaron a mirar la represión como si estuviéramos en un aula ensangrentada y a sentir el último respiro de un periodista asesinado.

El 23 de julio de 1959 fue ametrallada una marcha pacífica de estudiantes universitarios en León. Más de 15.000 personas acompañaron a su última morada los féretros de cuatro estudiantes asesinados esa noche por la dictadura somocista. Somoza sería derrocado veinte años después. Pero, muchos ven, en la masacre de León, el principio del fin de aquella dictadura.

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