María Ramos, Achim Steiner. 26 diciembre, 2018

JOHANNESBURGO y NUEVA YORK – La digitalización financiera –la transformación de todo el ecosistema financiero que trae consigo la revolución digital– podría catalizar los esfuerzos mundiales a favor de financiar el desarrollo sostenible. Según el McKinsey Global Institute, el uso expandido de la tecnología financiera podría impulsar el crecimiento en los países en desarrollo por una cifra que llegue hasta $3,7 millones de millones hasta el año 2025, principalmente gracias al aumento de las ganancias de productividad y a una inclusión financiera más amplia.

Sin embargo, para cumplir las promesas de la digitalización, el mundo tendrá que alinear las estrategias de financiamiento e inversión más estrechamente con los resultados del desarrollo sostenible. El mes pasado, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, convocó un grupo de trabajo sobre financiamiento digital con el propósito de abordar este complejo desafío. Nos sentimos honrados de prestar nuestros servicios en calidad de copresidentes de este esfuerzo mundial.

Con la orientación que brindan los líderes y las políticas, la digitalización del financiamiento puede abrir roles para que ciudadanos empoderados den forma al futuro de la economía real

Por razones obvias, el financiamiento es clave para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y para cumplir los objetivos de emisiones que se establecieron en el Acuerdo de París del 2015 sobre el clima. Pero, a pesar de que los ahorros mundiales son más que adecuados para impulsar la transición hacia el desarrollo sostenible, el sistema financiero mundial, hasta ahora, no ha logrado intermediar efectivamente la oferta y la demanda. El modesto éxito que algunos países han logrado en la financiación del desarrollo sostenible no se conmensura con la necesidad.

Muchos factores pueden influir en los resultados de desarrollo sostenible. Por ejemplo, las crisis financieras y económicas mundiales que comenzaron en el 2008 –y las respuestas posteriores de los reguladores y los responsables de la formulación de políticas– han tenido un impacto en el crecimiento económico, la creación de empleos y la igualdad de ingresos. Asimismo, emprendimientos, como por ejemplo la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda, pueden desbloquear nuevos fondos para inversiones en infraestructura. Cualquier número de políticas nacionales e internacionales puede determinar si la financiación nos brinda desarrollo sostenible o nos desvía de este.

Pero es la digitalización la que marcaría la mayor diferencia a largo plazo al aprovechar el poder de los nuevos modelos de negocios que están impulsados por las tecnologías que incluyen conexión móvil, inteligencia artificial, big data, blockchain e Internet de las cosas. Ese inmenso potencial, sin embargo, no está garantizado. En última instancia, el impacto de la digitalización en el desarrollo sostenible dependerá de si el advenimiento de datos cada vez más baratos, junto con un análisis más rápido, se traduce en decisiones de financiamiento que tomen más en cuenta los costos sociales y ambientales actuales.

El sector tecnofinanciero, también llamado fintech, puede colocar a los ciudadanos en el centro del escenario, como protagonistas del logro de buenos resultados de desarrollo. La revolución digital de Kenia ha ayudado a los hogares pobres a tener acceso a todo: desde acceso a energía solar hasta a los mercados de bonos del Gobierno. Las plataformas de financiación colectiva, o también denominadas crowdsourcing, como por ejemplo Abundance del Reino Unido, EcoCrowd de Alemania y NPO Bank de Japón, están desbloqueando soluciones de préstamos que se pueden caracterizar como responsables y sostenibles. En China, la plataforma Ant Forest de Ant Financial ha ayudado a más de 300 millones de personas a reducir su huella ecológica. Los servicios de uso compartido de bicicletas utilizan soluciones de pago fintech basadas en aplicaciones con el propósito de que la opción de transporte que ofrecen –que es más saludable y baja en carbono– esté a disposición de millones de personas en ciudades a lo largo y ancho de todo el mundo.

En resumen, ya hay indicios tentadores del poder que conlleva la revolución digital en lograr el progreso de las finanzas para la sostenibilidad. Cambiar la forma en que las personas llevan a cabo sus actividades bancarias e invierten y democratizar el acceso al sistema financiero es esencial para estimular el desarrollo de manera más amplia. De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo del Capital, la inclusión financiera para la población no bancarizada y que recibe servicios insuficientes es un facilitador directo de por lo menos ocho de los ODS.

El desafío hoy es pensar y actuar de manera sistémica: es decir, extrapolar ejemplos minoristas para considerar cómo la digitalización puede alinear al sistema financiero con el desarrollo sostenible, cómo los inversores identifican, analizan y mitigan el riesgo; cómo se desplazan los mercados de capital; y cómo los formuladores de políticas y los reguladores abordan su trabajo.

El problema es que la mayoría de las soluciones están fragmentadas y enfocadas de manera estrecha, a la par de que los problemas que representan una amenaza existencial para la humanidad –como por ejemplo el cambio climático– son en gran medida externos a la mayoría de las decisiones de financiamiento. No se canaliza el ahorro interno para financiar una infraestructura sostenible. Los flujos financieros ilícitos continúan drenando los recursos de desarrollo. La financiación sostenible para la biodiversidad sigue siendo virtualmente ignorada por la revolución fintech. E, incluso la inclusión financiera – donde fintech ha tenido el mayor impacto en el desarrollo hasta la fecha, tiene un largo camino por recorrer en cuanto a la reducción de la pobreza y la desigualdad.

Estos son solo algunos de los desafíos que nuestro equipo de trabajo estudiará. Nuestros miembros incluyen a emprendedores tecnológicos, directores ejecutivos de bancos, líderes de la sociedad civil, creadores de estándares internacionales, expertos en mercados de capital, gobernadores de bancos centrales, ministros de Finanzas y Economía y jefes de agencias de la ONU. A lo largo del 2019 trabajaremos en estrecha colaboración con líderes ya establecidos y líderes emergentes con el propósito de analizar los problemas, identificar las oportunidades y formular recomendaciones para garantizar que las transformaciones que se están produciendo con la digitalización financiera sean las que, al fin de cuentas, beneficien al planeta y sus habitantes. Comenzamos nuestro trabajo en enero próximo y nuestro objetivo es presentar nuestro conjunto inicial de resultados en setiembre del 2019.

Como dijo el mes pasado el secretario general Guterres, cuando anunció el lanzamiento del grupo de trabajo, la tecnología digital “puede cambiar las reglas del juego” en cuanto al logro de avances con respecto a los ODS. Con la orientación que brindan los líderes y las políticas, la digitalización del financiamiento puede abrir roles para que ciudadanos empoderados den forma al futuro de la economía real. El enfoque ahora debe centrarse en aprovechar esta oportunidad disruptiva para garantizar que el sistema financiero cumpla con su potencial de apoyar un desarrollo inclusivo y sostenible.

María Ramos es directora ejecutiva de Absa Group Limited.

Achim Steineres es administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). © Project Syndicate 1995–2018