Columnistas

Civilizaciones de felicidad

La verdadera felicidad es estar en paz con tu pasado, tener convicción del presente y ver con confianza el futuro, y lo anterior no depende de nuestras emociones

Cantos de sirena
Cantos de sirena Canva

Las sociedades de consumo, también denominadas por Zygmunt Bauman como sociedades líquidas, y por Vargas Llosa como civilizaciones del espectáculo, son un fenómeno humano muy reciente. De hecho, toman fuerza en la segunda mitad del siglo XX, cuando se consolidan los frutos de la riqueza generada por la Revolución Industrial. Un fenómeno totalmente reciente, pues durante milenios de existencia de nuestras civilizaciones humanas, la regla era la precariedad.

Un aristócrata europeo del siglo XVII, pese a que poseía un promedio mayor de vida que el de la media de la población –si se daba el caso de que lograra sobrevivir más allá de la infancia–, difícilmente superaba los 45 años de edad. Además, carecía de servicios que hoy nos parecen básicos: carencias de buena higiene, sus necesidades se debían deponer en letrinas sin alcantarillados eficientes de agua, y con muy limitado acceso al agua potable. Pasaba los inviernos sin calefacción, y sin refrigeración en el verano, y tenía un sistema de comunicaciones terriblemente incómodo.

Hoy, en cambio, si confrontamos las comodidades que poseían los poderosos del pasado con cualquier ciudadano de estratificación media del tercer mundo, nos resulta obvia la diferencia, pues sabemos que las clases medias cuentan con beneficios como cirugías anestesiadas y servicios públicos confortables en todos los ámbitos, lo que era inexistente en el pasado reciente.

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