El gran terremoto del martes en Estados Unidos fue el excepcional triunfo demócrata y la estrepitosa derrota de Trump y sus republicanos. Pero las réplicas abundan. Cinco me llaman la atención:
1) Los grandes movilizadores de la oposición fueron la guerra en Irán, el costo de vida, la corrupción y la desconexión del presidente con sus electores. Poco que ver directamente con defender democracia, algo que muchos –yo incluido– consideran esencial. Pero el principal efecto a mediano plazo será, precisamente, reforzarla. Moraleja, aplicable a Costa Rica: frenar los autoritarismos pasa por conectar con los intereses y enojos concretos de la gente.
2) Edward Luce, columnista del Financial Times, citó hace poco la aguda máxima de un jurista de Harvard: “Para Trump, hay dos tipos de elecciones: las que gana y las que le roban”. Ante tan contundente resultado, debió aceptar la pérdida. Habrá que modificar la frase.
3) En enero de 2010, al fallar el caso Citizens United vs. FEC (Comisión Federal de Elecciones), la Corte Suprema alegó algo inusitado: que restringir las contribuciones de empresas, empresarios y sindicatos a las campañas electorales violaba la libertad de expresión. A partir de entonces, se abrieron las compuertas para la interferencia de los grandes capitales en el proceso. No ha hecho sino crecer. Pero esta vez quedó demostrado que “don Voto” puede ser mucho más poderoso que “don Dinero”. ¿Verdad, Elon Musk?
4) Una de las grandes incógnitas para los próximos dos años es si Trump, convertido en lame duck (pato cojo) –término aplicado a los presidentes que pierden el Congreso–, actuará según la costumbre, moderará sus ímpetus y se abrirá a acuerdos. O si, más bien, será un crazy duck (pato loco), exacerbará su política exterior y buscará más confrontación interna. Rechazo las apuestas.
5) Durante los últimos años, el primer ministro Benjamín Netanyahu se alineó tanto con Trump y los republicanos, que comenzó a erosionar el tradicional –casi incondicional– apoyo bipartidista a Israel. Su despiadada estrategia en Gaza y más allá aceleró la tendencia, con acentuado rechazo demócrata y peligrosos atisbos antisemitas, que llegan hasta la derecha republicana. Hoy está atrapado en esa trampa. Las consecuencias serán inevitables; espero que, a la larga, positivas.
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Eduardo Ulibarri es periodista y analista.
