Columnistas

Al grano

Édgar Espinoza

Con su apellido tan complicado, el señor Przedborski (Cherboski, en tico) pareciera haber logrado enredar la lengua de más de uno en este país. Por eso, para evitar más enredos, lo mejor es llamarlo de una vez por todas el embajador atómico.

Por lo que dice la prensa, el distinguido personaje es como un potente reactor al que, a pesar de su bien logrado blindaje diplomático, últimamente se le han detectado fugas que tienen a más de un político nuestro en estado de radiactividad total.

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