La tragedia de Orosi no es obra de la naturaleza, sino del hombre. Porque las leyes de la naturaleza, que no admiten violaciones ni sobornos, ni se pueden evadir con argumentos a lo Cantinflas, le caen encima al que las desafía.
Ciega ante esta realidad, nuestra sociedad al pie de montañas, sin embargo, las viola temerariamente. Con el apoyo expreso o tácito de las municipalidades, la mancha urbana trepa aceleradamente las montañas en Ciudad Colón, Escazú, Alajuelita, y, bajo el gobierno anterior, y con pretextos fútiles, la autoridad central pretendió también destruir la zona de protección en todo el Valle Central, lo que ocurre ante los ojos diarios y pasivos de todos a quienes nos caerán encima.
Al igual que el agua sin control y la deforestación minan los cerros, la destrucción de la autoridad y la responsabilidad falsean así en sus bases la sociedad política, mientras la indigencia, la falsedad y el "'mporta a mí", sustituyen al interés público en dirigentes y gobernados.